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Secuestrada

21 noviembre, 2015

Secuestrada

Todos mis cálculos previos quedaron en planes de futuro en cuanto comencé los trámites para sacar a Atenea de la aduana del aeropuerto.

Cuando decidí enviar la moto a India, sabía que me enfrentaría a una de las burocracias más burocráticas del mundo, pero desde que había viajado al país en 2009 y 2010 a hacer el trabajo sobre violencia contra la mujer, sentía que me habían quedado cosas por ver. Además traer la moto a su país de origen me permitiría hacerle algunas pequeñas reparaciones a bajo coste.

Decidí que quería experimentar el proceso de quitar la moto de aduanas por mí mismo. Parezco una pelotita de ping pong durante unas dos horas de oficina en oficina buscando dónde comenzar mis trámites, hasta que llego a la oficina de uno de los jefazos de aduanas.

Un hombre menudo, de respiración agitada y manos temblorosas, me acerca un papel con toda la documentación que debo presentar. Es miércoles por la tarde. Paciencia, repito para mis adentros. Me ofrecen una taza de té.

Para poder comenzar el trámite, necesito una carta de la Asociación de Automóviles de India. Así que me dirijo a por ella en una oficina ubicada en la otra punta de Delhi. Allí me dicen que para hacer esta carta, necesito un e-mail del Automóvil Club de España que confirme que es verdadero mi carnet du passage, un documento que me permite importar un vehículo de forma temporal. Debido a que hay que dejar un aval bancario para realizarlo, algunas personas lo han falsificado en el pasado.

La carta además tiene un coste de 10 mil rupias (unos 140 euros). Tras protestar, me lo bajan a 4000 (50 euros). Me aseguran que tendré la carta al día siguiente, lo que me hace prejuzgar y pensar que en verdad es toda una treta para sacar dinero y no enviarán ningún e-mail a España.

Cuando fui a recoger la carta no había habido respuesta de España. Todos mis miedos de que Atenea se quede atrapada el fin de semana en aduanas se van confirmando.

Llamo a un amigo de Vintage Rides, una empresa que organiza tours en motos Royald Enfield en India, el lugar donde hice el curso de mecánica y a veces exportan motos. Me confirma que todo es legal y también el precio de la carta.

Finalmente corrijo el error de no llamar a España antes y pedir que aceleren la respuesta a ese e-mail. Con la diferencia horaria, la confirmación tarda un par de horas. Pero ya tengo la carta que producirá el efecto dominó en sentido inverso al que he hecho hasta ahora.

Con la carta en la mano, entré en la oficina del jefazo de aduanas. Entrego todos mis papeles y fotocopias de papeles a su secretario. Me pide una carpeta de cartón donde meter los papeles y, ante la falta de ésta, abre un armario, coge otra carpeta, le quita el polvo y reemplaza los papeles por los míos. Me dice que no me puedo llevar la moto, ya es viernes tarde, pero que comenzaremos los trámites. Para endulzar la espera, me sirven otra taza de té, ahora acompañado de una manzana, mientras mis papeles comienzan a acumular firmas y sellos llenando todos los espacios disponibles en las múltiples hojas y fotocopias de fotocopias.

Hay un recuerdo que me está torturando desde que decidí enviar la moto a India, y son esos despachos que he visto en mis viajes anteriores donde muebles llenos de carpetas se amontonan en los lugares más inverosímiles con una capa de polvo de varios meses.

Con otro té sobre la mesa, me despiden citándome a las 11 de la mañana del lunes. Ese día pude por fin abrir la jaula de madera donde había estado encerrada Atenea desde que salió de Corea del Sur. A mi alrededor, como si hubiese pisado un hormiguero, sale gente de todos los rincones posibles y se reúne en círculo para verme armar la moto.

Media hora después ya tengo a Atenea lista para circular. Me coloco el casco y me dirijo por última vez a las oficinas de aduanas. El secretario que ha recorrido varios despachos en búsqueda de sellos y firmas, me recibe con una sonrisa. Su respiración continúa agitada y sus manos temblorosas. Le acerca mi carnet de pasaje al jefazo. La última firma, el último sello y una última taza de té, en este caso acompañada de un plátano.

Es noche cerrada cuando salgo de aduanas. Cinco días después de trámites, firmas y sellos, he logrado liberar a Atenea y podemos comenzar a recorrer India juntos.

 

 

  1. Raul dice:

    Lo emocionante viene cuando te encuentras con el pirao de indiaenmoto.com
    Un abrazote! !!! Naquina!!!!

  2. Silvio dice:

    Vamos Walter! te sigo con ganas. Espero ver mas fotones. Abrazo y …buenviaje!

  3. miriam castro dice:

    Hola Walter (Adrian) me gusto tu relato, visto así parece que paso todo rápido, pero fueron varios días, me alegra que recuperaras tu moto, creo que es la extención de tu cuerpo!! Siempre en contacto con tu mamá. Buen viaje!!

Los comentarios están cerrados.

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