Close

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario.

Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies.

Contribute

Cicatrices de guerra

8 junio, 2015

Cicatrices de guerra

Souvenirs realizados con balas y morteros se esparcen por los escaparates de las tiendas cercanas al viejo puente de Mostar. Tienen forma de tanques, helicópteros y aviones de guerra. Marcas de metralla se aprecian todavía en las paredes de algunos edificios a lo largo de la avenida Santica.

Con la desintegración de Yugoslavia en 1991, comenzó la idea de Milosevic de crear la ‘Gran Serbia’ uniendo todos los territorios habitados por ciudadanos serbios. Las posteriores declaraciones de independencia del resto de repúblicas balcánicas, (Eslovenia, Croacia, Bosnia, Montenegro, Macedonia y Albania) dió como resultado varias guerras civiles y conflictos étnico-religiosos que dejaron miles de muertos y desplazados.

Bosnia está compuesta por varias etnias y religiones -bosnio musulmanes, serbios ortodoxos y croatas católicos- que se enfrentaron entre sí dando lugar a un conflicto todavía más trágico: la guerra de Bosnia. La destrucción de símbolos, las violaciones de mujeres, la segregación, el odio y la muerte fueron una constante. Estas son algunas de las secuelas de uno de los peores inventos de la raza humana: los conflictos armados.

Como consecuencia de ello, este país balcánico continúa profundamente dividido. La ciudad de Mostar es un ejemplo, a pesar de que varios organismos internacionales y gobiernos europeos han colaborado en la reconstrucción del viejo Puente (Stari Most). Erigido por los otomanos en el siglo XVI, y destruido por tanques y artillería croatas en el año 1993 al ser considerado una insignia de los bosnios musulmanes, es actualmente un símbolo de cierre de heridas.

Pero, me pregunto, cómo es posible curar las heridas cuando en Bosnia el presidente de la República se elige mediante un régimen rotativo entre los representantes de las tres minorías; musulmana, serbia y croata, legislando a favor de sí mismos. Las mezquitas y las iglesias de la ciudad compiten en cantidad y hay una cruz en el cerro Hum desde donde las milicias croatas y serbobosnias disparaban morteros a sus vecinos musulmanes.

Caminar por la ciudad me produce tristeza y sin tener la fortuna de poder entender el idioma, me dedico a observar. ¨Don’t forget 1993¨ dice una piedra cercana a un lado del puente de Mostar. En los cementerios muchas lápidas estan fechadas en 1992 o 1993, años muy sangrientos del conflicto. No puedo dejar de pensar lo que pudo ser para mucha gente correr por estas mismas calles escondiéndose de los francotiradores hace tan sólo veinte años.

Imagino que para las personas que viven aquí debe ser duro levantarse cada día y observar los vestigios de la guerra. Sin embargo, creo que a veces el error más grave es tratar de borrar la historia, al reconstruir en su totalidad las ciudades, sin dejar ningún rastro de lo que ahí sucedió y así pueda ser utilizado con la finalidad de educar.

Aun así, sigo dándole vueltas a algunos de los souvenirs que venden en la ciudad y se me hace raro que, alguien pueda llegar hasta aquí y después de recorrer la ciudad, los compre.

Espero que en el futuro, haya una reconciliación real del país y los souvenirs que se vendan nos hagan recordar para no cometer los mismos errores, no adornos fabricados mediante la banalización de las balas.

. .