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Infranqueable Birmania (I)

4 abril, 2016

Infranqueable Birmania (I)

“El señor X ha invitado al señor Walter Adrian Astrada Marzán, pasaporte xxxxxx7 a visitar Myanmar en su propia motocicleta en febrero del 2016 para explorar las posibilidades de expandir el intercambio de productos agrícolas, y en particular, con el fin de mejorar el negocio de la pesca, la producción hasta la exportación de los productos.”

Este es un extracto de la carta de invitación que me envió la compañía de turismo que me ha ayudado con los trámites burocráticos para cruzar Birmania. No me dedico ni a la agricultura ni a la pesca, así que cuando la recibí, respondí el email preguntando si era una broma. La respuesta fue que con esa carta no tendría inconvenientes en tramitar mi visado.

Durante los preparativos para organizar el viaje, y pensando las opciones para llegar al Sudeste Asiático, Birmania aparecía como un país infranqueable, con una de las guerras civiles más largas del mundo y una férrea dictadura militar que ha controlado durante años las zonas que los turistas pueden visitar.

El pasado mes de noviembre se celebraron en Birmania las primeras elecciones relativamente libres de los últimos 25 años. Así, imagino que tratando de demostrar que están camino a la democracia, el acuerdo de alto al fuego firmado por algunos grupos armados, más la carretera trilateral India-Birmania-Tailandia creada gracias al Gobierno indio, abrieron la posibilidad de cruzar el país en vehículo propio, algo impensable hasta hace poco más de un año cuando los viajeros que llegaban a India solían enviar su moto desde Nepal a Tailandia en avión para evitar los largos trámites burocráticos.

Pero como todos los cambios que van sucediendo en el país, la posibilidad de cruzar tiene sus restricciones: algunas zonas siguen cerradas, no todos los grupos armados han firmado el alto al fuego y se necesitan muchos papeles para conseguir los permisos. Ahí es donde entra en juego la agencia de turismo.

El costo aproximado del viaje en grupo es de 1100 euros y podría ascender hasta los casi 4000 si quieres hacerlo solo. El recorrido está marcado de antemano y están incluidos en el precio los hoteles, todos los permisos para cruzar los estados, una camioneta de escolta con guía, conductor y un representante del gobierno a quienes hay que seguir a lo largo de 2400 kilómetros de itinerario entre la localidad de Moreh-en el noreste de India- y Mae Sot -en el norte de Tailandia- pasando por los principales puntos turísticos del país, como Monywa, Bagan, Mount Popa, Mandalay, Pindaya, Inle Lake, Golden Rock o Mawlamyine. El país se atraviesa de oeste a este y es posible hacerlo en sentido contrario también.

Hasta ahora, salvo días contados, la mayor parte del viaje he viajado en solitario, pero en Birmania por la cuestión económica no he podido permitirme hacerlo solo. Así que cuando comencé a organizarme para cruzar el país, mi máxima preocupación era que me tocara un buen grupo, con gente maja y relajada. Si el grupo se torcía, no había oportunidad “de cambiar de montura a mitad del río”. Mi segunda preocupación era que el grupo estuviera formado sólo por motos grandes y potentes y ser el último del grupo con mi Enfield. De ser así, no podría hacer paradas largas ya que no podría alcanzarlos fácilmente. Además, realmente lo que me gusta es viajar a un máximo entre 80-90 kilómetros por hora.

Pero resultó que el grupo de 12 personas y 7 vehículos fue de lo más variopinto en cuanto a nacionalidades y recorridos que veníamos haciendo, demostrando que si se quiere viajar no importa en que transporte lo hacemos. Desde el principio hubo buen rollo y camaradería, lo que hizo que el viaje fuera divertido y agradable dentro de sus limitaciones burocráticas.

Mi moto caía entre el segundo y tercer vehículo en cuanto a velocidad y descubrí una ventaja grande de viajar en grupo en este caso; y es que las diferentes velocidades entre nosotros hacía que la distancia entre los vehículos se estirara y al guía le resultara más difícil poder controlarnos a todos. Esto permitió que en las zonas más turísticas, al tener hoteles establecidos, nos permitieran mayor “libertad” para llegar a lo largo del día al destino.

Debido a esto, aunque sea por momentos muy cortos, tuve la sensación que iba atravesando el país solo, pudiendo parar donde me apeteciera a hacer algunas fotos y comer en alguno de los numerosos pueblos que íbamos cruzando. Pero al mismo tiempo, me hubiese quedado mucho más que los escasos minutos que duraba el almuerzo.

Mientras iba recorriendo el país recordaba lo que decía la carta del visado en su final, sobre que las normas que debemos seguir para cruzar el país son principalmente para velar por nuestra seguridad mientras atravesamos Birmania. Y pensaba que lo que realmente me encanta, irónicamente, claro, es el uso de las palabras que los gobiernos hacen para camuflar los controles y las faltas de libertades sobre lo que podemos o dejamos de hacer.

 

 

  1. Clara dice:

    Birmania es un país maravilloso. Pena del lavado de cerebro que tienen casi todos sus habitantes sobre determinados temas (Islamofobia), la pobreza extrema de la gran mayoría y las pocas libertades reales de las que pueden gozar, aun en la supuesto democracia (el 25% del parlamento es militar y para cambiar una ley tiene que tener más del 75% de los votos).
    Son una gente maravillosa y generosa.
    Pero lo tienen difícil con el gobierno que tienen.
    Saludos desde Bangalore!

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