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Silencio

9 diciembre, 2015

Silencio

Cuando paro en el arcén porque un grupo de camiones que circula en sentido contrario me hace luces y toca la bocina para que me aparte de la carretera, recuerdo el chiste sobre un conductor que escucha en esos momentos por la radio:

– Atención, se informa que hay un conductor loco por la autopista que circula en sentido contrario, se ruega precaución.

A lo que el conductor en cuestión dice asustado y dando sucesivos volantazos:

– ¡Qué coño uno, si son todos!

En India se debe circular por la izquierda, pero eso es solo en la teoría; en la práctica se circula por cualquier lado menos por el indicado y la única forma lógica de viajar y sobrevivir a la experiencia es aceptar que no hay lógica sino un caos ordenado y pasar a formar parte de él.

Las carreteras indias son un desfile de los más diversos vehículos. Me recuerda un poco a la película Mad Max: cualquier cosa que tenga ruedas y motor, circulará. También los límites de carga están fuera de toda regla física y espacial. Motos con hasta siete ocupantes o camiones en los que su carga parece un hongo atómico.

Además las carreteras no son solo para los vehículos, sino que circulan vacas, monos, camiones, autobuses, camionetas 4×4, coches, tractores, motos, Auto Rickshaw, Tuk-Tuk, y por último los peatones – en orden de importancia por el respeto que reciben- . A estos últimos, les imagino con un cerebro con la capacidad de hacer cálculos de trayectorias, velocidades y distancias mientras transforman el cruce de una acera a la otra en carreras de velocidad y a veces cercanas al suicidio.

Parece que a los vehículos en este país les han reemplazado los frenos por bocinas debido a que los conductores, en vez de frenar, se dedican a hacer un concierto de bocinazos para que la gente se aparte de su camino.

India es muy grande, las distancias no se miden en kilómetros sino en tiempo para recorrerlos, y esto ha hecho replantearme el recorrido y decidir que en este viaje visitaré el norte y el noroeste, y como en otros países, me quedarán zonas para visitar.

Prefiero ver menos lugares pero poder recorrerlos y visitarlos, que meterme en una carrera de kilómetros. Por otro lado, mi cruce a Tailandia a través de Birmania depende de que se formen grupos de viajeros, ya que no puedo permitirme el cruce en solitario por su alto coste. Estoy anotado en un grupo para el 2 de febrero, escribiré un post con todos los detalles una vez lo haya hecho.

Así que actualmente me encuentro en Rajasthan, tierra de Maharajás y fuertes, elefantes y camellos, asfalto, mármol y desierto.

He atravesado zonas desérticas durante el viaje y ahí entendí el significado de desierto y soledad, pero en India con su población de más de 1240 millones, tal cosa no existe.

Es muy difícil encontrar lugares donde no haya personas, y por otro lado, también es difícil no ser el centro de atención.

A mí los indios en general me parecen muy curiosos por naturaleza. Parar en una gasolinera a repostar o en una tiendita a por un té, es verte automáticamente rodeado por toda la gente que anda por ahí y te pregunta de dónde eres y dónde vas o si se pueden hacer una foto contigo; esto se ha convertido en parte de la rutina diaria.

Estando en Jaisalmer podría haber ido al desierto en moto, pero como nunca he estado sobre un camello, he decidido hacer el recorrido sobre uno. El grupo es muy pequeño, somos sólo tres: Cristina, una española, y Walter, un alemán, más los dos guías Sarupa y Deria que además nos cocinan.

Sarupa nos va contando sus planes de negocio, ya es propietario de dos de los cuatro camellos sobre los que hacemos la travesía. Para ampliar su negocio, les gustaría adquirir una hembra para poder tener más camellos y poder montar una casa de huéspedes. Nos cuenta que nunca ha ido a la escuela, fue educado en el desierto, pero se defiende en un inglés muy aceptable que ha ido aprendiendo por trabajar con turistas desde que tiene 7 años.

Y mientras lo escucho, pienso en que es lo que más me llamó la atención y lo que peor llevo desde que puse por primera vez un pie en India hace ya 6 años, es esta aceptación de que hay seres humanos de primera y de segunda, que sin importar qué habilidades o capacidades tengas, ocupas un lugar en la sociedad y será muy difícil que puedas cambiarlo.

En las paradas, Sarupa coloca su móvil lo más alto posible de los arbustos y a veces nuestra conversación se interrumpe cuando lo llaman para ofrecerle más recorridos con turistas en los próximos días. Me alegro por él.

Y así, llegada la noche, con el silencio por único sonido y con la vía láctea como techo, busco estrellas fugaces para pedir deseos.

Uno de ellos, es que los conductores en la India fuesen como los camellos, que se mueven lentamente acomodando su pisada a la piedra y la arena, y no obligando con bocinazos a que se aparten de su paso.

 

 

  1. Lisandro dice:

    Hola Walter. Muy lindas palabras. Es como estar un poquito por esas latitudes. Éxitos

  2. Jeanette Bustamante dice:

    Si existe un sueño para es conocerte algún dia…! Exito…. gracias por tan bella labor.

  3. Laura dice:

    Hola Walter,
    siguiendo desde Mumbai tu espectacular viaje. Acabo de volver de una pequeña ruta similar a la que hiciste por Rajasthan, aquí te dejo mi experiencia:
    http://lauraseoane.com/rajasthan-desde-una-enfield/
    ¡Mucho ánimo y disfruta el camino!
    🙂

  4. RUBEN GARCIA CABO dice:

    He recibido el poster de Varanasi…muy guapo. Suerte.

Los comentarios están cerrados.

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