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Fantasmas

14 mayo, 2020

Fantasmas

Hace una hora o más que doy vueltas. Estoy como en una calesita, moviéndome sin avanzar. Estoy incómodo. Acomodo las hojas del block. Reviso mis anotaciones. Busco excusas para no escribir. Escribo y tacho. Y de la nada, mientras imagino cosas tangibles, me pregunto qué es un fantasma.

Y pienso sobre los sentidos. En el post anterior escribí sobre lo etéreo del olor y como puede generarnos diferentes estados, de placer, de alegría, de miedo. La vista, me digo, es mas real. Me permite observar. Ver. Llevar adelante mi profesión. Los recuerdos son imágenes así que algunas imágenes pueden no ser reales.

Me suele pasar que cuando duermo tengo sueños, que son muy vívidos, y podrían ser guiones de películas. Muchas -por no decir todas- son clase B. Pero me gusta más la idea de soñar despierto. Ahora estoy sentado en el balcón. Bebo café. El sol ya pega fuerte en esta época del año en Madrid. Cierro los ojos.

En ese momento mis pensamientos me trasladan a arriba de la moto. Observo la ruta. El viento frío pega en la cara. Me encanta esa caricia matutina que me despierta. Miro al horizonte en rectas interminables. Y me llega el aburrimiento. El tedio de esos kilómetros que parecen que nunca pasan. No siempre es placentero el viaje. Así es que cambio de paisaje, como quien cambia de canal en la TV. Ahora me encuentro en zona montañosa, con muchas curvas. Dibujando mentalmente la mejor trayectoria. Es divertido, en mi cara hay una sonrisa mientras la moto se balancea y zigzagueamos. Vuelvo a cambiar de paisaje. La carretera es ahora recta con algunas curvas suaves. Rodeado de inmensidad y montañas lejanas. Me pongo de pie, bailamos con la moto sobre las piedras.

En la vida real, mientras recorro con la moto, debo controlar pensamientos que van generando en mi cabeza imágenes de peligro. Pero en estas imágenes de ficción, originadas por mis recuerdos y mis proyecciones, también aparecen fantasmas. No por la conducción, sino basadas en la situación actual de este virus fantasmagórico que recorre el mundo. Con mensajes tan cabrones, como que nunca levantaremos la cuarentena y se extenderá la prohibición de viajar. O que cuando podamos viajar habrá muchas restricciones. O que no viajaremos hasta que aparezca una vacuna. O que tendremos que pasar cuarentenas en otros países. Que las fronteras serán odiseas interminables para poder cruzar. Que mi papel de importación temporal de la moto se vencerá y no podré sacar a Atenea de Bolivia. De todas, la última es la que realmente me preocupa.

Y pienso en estos fantasmas. Trato de enfrentarme a ellos. Pero estos crecen. Son cada vez más grandes. Trato de vencerlos en su propio terreno. Pero no, son persistentes y resistentes. Siguen siendo espectros. No puedo materializarlos.

Imagina el mundo como quieras y experiméntalo donde quieras que estés, me digo. Leyendo un texto me bailan las letras. No logro fijarlas. Se vuelven fantasmales. Hay fantasmas por doquier ¿Como hago desaparecer esas visiones borrosas? Cambio la estrategia. Ahora imagino que si lograra hacerlos transmutar a algo corpóreo podría romperlos y hacerlos desaparecer. Triturarlos, convertirlos en polvo y que el viento se los lleve lejos. Parece una buena opción, pero no sé cómo lograrlo. Le doy vueltas a varias opciones.

Y como última táctica, se me ocurre usar un recurso fotográfico, que es que cuando se aumenta la velocidad de obturación al tomar una fotografía todo queda más definido y congelado.

En este caso le agrego fantasía y delirio, decido aumentar la velocidad de obturación de la imaginación.

 

 

  1. Mic dice:

    Far safer, of a midnight meeting
    external Ghost
    than its interior confronting –
    that cooler Host.

  2. Sara Lobla dice:

    Sencillamente maravilloso, yo vivo con mis fantasmas, he conseguido que sean mis colegas. Pero son de esos colegas, que a veces saturan y quieres que marchan pronto de casa.
    Cuando pienso en lo de viajar, en las fronteras no palpables y que esta vez no es el racismo, clasismo o política lo que nos obligan a estar separados y quedarnos en lo cercano, en los orígenes, es un virus… me da que pensar. Supongo que esto es resultado de la globalización y amante viajera sufro con sólo el pensamiento que tal vez esto sea lo que nos pida la pachamama, que nos quedemos en nuestro «hogar», que no busquemos fuera lo que podemos tener dentro. Y que llega una etapa nueva donde la no globalización es la otra cara de la moneda.

  3. Lucas dice:

    Detuve mi viaje en la Patagonia por el covid19. Me quedo hasta que pase el invierno a resguardo y con wifi. ¿Cuando podre seguir viajando? ¿Un viajero sera recidivo, como un posible portador del virus? ¿El mapa sumará un capa con la carga viral de las zonas por donde circular? ¿Retratar a las personas con y sin sus mascaras, sera un nuevo parámetro de confianza o riesgo?¿tendré ganas de seguir viajando? Será de todos modos un viaje único. Un Abrazo

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